"El terrorismo merece nuestra condena", José Carlos Mahía.

El diputado José Carlos Mahía realizó una declaración sobre los atentados en Francia.
El legislador indicó que "atacaron a sangre fría a gente inocente que nada tiene que ver con guerras político-religiosas". Recordó el papel de Francia durante la dictadura y realizo una recorrida por diferentes situaciones en distintos países.

Compartimos las declaraciones de Mahía:


"En los últimos días hemos asistido a un nuevo episodio de acciones terroristas: Paris y el Líbano fueron los objetivos. Atacaron a sangre fría a gente inocente que nada tiene que ver con guerras político-religiosas.  

Lo del título, en casos como éstos sólo cabe la enérgica condena ante los hechos y la solidaridad con las víctimas, que reitero, nada tienen que ver con estos conflictos. 

Muchos uruguayos como tantos otros en otras regiones del mundo han puesto en su perfil de Facebook la bandera de Francia. En mi opinión eso está bien, es una manera muy espontánea de expresar su solidaridad con los jóvenes, principales víctimas de los atentados. 

Es necesario entender, no sólo por el peso político y cultural de este país en el Hemisferio Occidental, sino también por la cercanía histórica con  el Uruguay desde los orígenes mismos de la República. 

Muchos uruguayos perseguidos por la dictadura se refugiaron en Francia y desde allí se organizaron importantes actividades denunciando las violaciones de los Derechos Humanos y en solidaridad con los presos políticos uruguayos. 

Hay que expresar la solidaridad y la condena al terrorismo sin cargo de conciencia, nada impide hacerlo sin caer en contradicción alguna al condenar lo que significó la guerra de Argelia u otras intervenciones militares de similares características en esta u otras épocas.  

A esta altura está más que demostrada la invalidez de la absurda teoría que sostiene que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, no? Y si no,  pregúntenle a los gringos por Bin Laden. O a tantos otros. 

El conflicto contra el Estado Islámico en esa zona del mundo huele a petróleo y gas natural, si bien es cierto que hay aspectos religiosos, culturales y políticos, en el fondo se trata de quien controla la riqueza de ese subsuelo, estratégico para el desarrollo de muchas potencias involucradas en el enfrentamiento bélico. 

Hay muchas preguntas que son bien válidas: quién o quienes financian la guerra? De dónde salen las armas? Quiénes la fabrican? Dónde se fabrican y cómo llegan las armas a ese conflicto? 

El negocio de las armas es uno de los más lucrativos del mundo y las potencias centrales fingen demencia con este tráfico irregular que se expande como si nada por el mundo entero. No son dos días, son décadas y décadas de este negocio a gran escala que sólo promueve la muerte. 

Y sobran ejemplos: en Camerún y Nigeria opera Boko Haram en nombre de Alá que  aplica la sharia a raja tabla y entre alguna de las acciones que llevó a cabo, en febrero de 2014 quemó vivos a cerca de 60 estudiantes de una escuela cristiana.

En Afganistán los Talibanes otrora aliados de los intereses gringos en la zona también se mandaron todo tipo de atrocidades contra los que consideran infieles, contra las mujeres y contra bienes culturales de la Humanidad.

En nombre de Alá grupos terroristas y algunos Estados han promovido la peor de las violencias, la que afecta a los civiles sin distinción de edad, de género, es decir  personas comunes y corrientes que son víctimas ocasionales de esta guerra. Y por si fuera poco en Europa se está promoviendo la Islamofobia, que amenaza con perseguir a cualquier musulmán por sólo serlo.

También en nombre de la libertad y la paz mundial potencias como Estados Unidos, Francia, Rusia o Inglaterra llevaron adelante guerras “preventivas” detrás de armas nucleares que no estaban, desatando un caos que hoy explica parte de las conmociones que vive Oriente Medio.

Y por supuesto también en esta guerra hubo muertes de civiles inocentes,  daños “colaterales” como hospitales y escuelas.

En América Latina también en nombre de la “seguridad” y enfrentando al terrorismo, el gobierno de Uribe prohijó los llamados “falsos positivos”. Quienes eran los “falsos positivos”?: civiles que las Fuerzas Armadas Colombianas asesinaban y vestían con uniformes de las FARC o ELN para cobrar “productividad” por guerrillero abatido. Y no fueron dos o tres, fueron más de 3000 mil colombianos asesinados, en este caso por el Estado. Es cierto que el posterior gobierno de Santos terminó con esto y la Justicia colombiana procesó con prisión a algunos Jefes Militares responsables. Sin embargo, para la Comunidad Internacional esto pasó inadvertido.

Ni hablemos del caso de México, del caso de “los 43”, el flagelo del narcotráfico en ese país y en buena parte de Centro América.

Cuántas son las víctimas civiles de esta guerra invisible?. Miles, miles y miles.

El terrorismo merece nuestra condena, dónde sea, venga de donde venga, de un grupo religioso, de un grupo guerrillero, del  narcotráfico o  del Estado.

Ante esta práctica y ante el sufrimiento de los familiares de las víctimas no podemos ser indiferentes.

Profesor José Carlos Mahía
Representante Nacional"
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