Las diferentes disciplinas a las que pertenecen los panelistas permitieron un abordaje diverso, dando cuenta de las distintas dimensiones en que la Universidad puede aportar al debate sobre drogas.
Cannabis mutandis
Umpiérrez llamó la atención sobre la composición de las drogas, y en particular sobre la pasta base de cocaína, que es distinta por ejemplo, en 1970, 2001, y 2012. Esto se debe a que las normativas internacionales provocan controles sobre los reactivos que se utilizan en la elaboración, que entonces van cambiando. Contó que al comienzo, la pasta base que llegaba al Uruguay tenía 60 % de cocaína.
Dijo que cuando se habla de droga se habla en forma genérica, refiriendo a una mezcla de productos químicos cuyos principios activos alteran el sistema nervioso central, pero también hay otras cosas que pueden alterar el entorno de la funcionalidad que tiene esa droga. En la pasta base hay otros alcaloides, distintos de la cocaína, que no están reportados en la literatura, y no se sabe entonces qué daños producen en el ser humano.
Detalló las investigaciones realizadas sobre la pasta base en Uruguay, que ha sido pionero en América Latina. Sin embargo “no sabemos nada de la marihuana”, acotó, “no sabemos con qué está mezclada. Es un debe como país”.
Aclaró que a diferencia de la cocaína, que es estable porque se ha podido cultivar en pocos lados, el cannabis se ha esparcido y hoy hay muchas variedades de marihuana, incluyendo la transgénica, y la genéticamente modificada. “Hay plantitas que concentran hasta 30 veces la potencia del cannabis y no precisan ciclo de luz, ni temperaturas muy controladas. Son chiquitas, crecen adentro de las casas”.
Relató que el gran problema que tienen hoy en Europa es, por un lado, con las plantas transgénicas, y por otro con los sintéticos, que los hay en dos formas: como una síntesis específica de compuestos, semejantes en su estructura química al cannabis, que potencian la acción del cannabis normal; o bajo forma de compuestos que no tienen nada que ver con la estructura química del cannabis. Todas tienen contenidos tan altos que generan adicción física.
Aprender a convivir con las drogas
Julio Calzada dijo que la realidad, en lo que tiene que ver con la problemática de las drogas, lo ha llevado a tener que navegar en una tabla de surf en vez de un barco sólido, estable, con derrotero seguro y velocidad de crucero, que es el objetivo de toda política y de toda gestión. “Cuando se comienza a gestionar se convive con una realidad que es distinta a la que se proyecta desde los medios o academia”, explicó. El funcionario reafirmó que desde la Junta Nacional de Drogas están empeñados, ya desde la administración anterior, en construir políticas basadas en la evidencia.
Partiendo del reconocimiento de que la política sobre drogas está acotada por las legislaciones y por la cultura, explicó que como primer criterio orientador se plantearon “tenemos que aprender a convivir con las drogas, ya que la humanidad las ha consumido desde siempre”.
Como segundo criterio propuso tomar en cuenta que la prohibición o regulación de las drogas es reciente en lo penal y vieja en lo cultural, particularmente en lo religioso: “Por eso desde el PE se intenta desarrollar una política enfocada desde el punto de vista de los derechos humanos, que tenga como centro al sujeto y no a las mercancías que son las sustancias”.
Calzada refirió también a que les interesa especialmente establecer un puente entre la academia, la política y la gestión, a partir de algunos temas primordiales: el uso problemático de alcohol, especialmente en niños y adolescentes, y una línea de navegación en torno al tema del cannabis, por el camino de la autorregulación, que ya se había establecido y en estos últimos días se aceleró. Refiriéndose justamente a la propuesta del gobierno sobre la marihuana, dijo que lo que se pretende es salir de la falsa antinomia prohibición–legalización. Consideró que no es pertinente hacer leyes sobre sustancias, ya que cada tres años hay 100 sustancias nuevas, y que ciertas sustancias afectan más a unas poblaciones que a otras.
Regular es necesario, prohibir no
Fernández Romar dijo que el tema drogas es polimorfo y complejo, y no existe por tanto la posibilidad de pronunciarse con un solo enunciado. Él prefiere hablar de sustancias embriagantes. Se manifestó en contra de las prohibiciones y sostuvo que las regulaciones son necesarias cuando la sociedad es compleja, pero que estas deben ser pensadas como transitorias, ajustables, ya que la realidad es cambiante y hay una multiplicidad de sustancias.
La profunda irracionalidad del tema drogas
Bayce planteó algunos de los puntos que desarrolla en el artículo “Los trasfondos del imaginario sobre ‘drogas’: valores culturales, geopolítica, intereses corporativos y hechos mediáticos”, que forma parte del libro “Aporte universitario al Debate Nacional sobre Drogas”, de reciente publicación y en cuya coordinación participó. En primer lugar resaltó que el tema drogas es tratado con una profunda irracionalidad en las sociedades contemporáneas, y que esa irracionalidad es producto de una irracionalidad histórica de por lo menos 30 siglos, que ha ido acumulando hechos, valores e intereses que se han cruzado y potenciado mutuamente. Dijo que los problemas de la prohibición de la droga y persecución de los usuarios son infinitamente superiores que los derivados del consumo. La humanidad consume drogas desde el neolítico y solo hay problemas reales con las drogas desde que se las prohibió, en el último siglo y principalmente en los últimos 50 años. La prohibición no ha disminuido ni la oferta ni la demanda, y mucho menos la delincuencia vinculada al tema. En segundo lugar, consideró que hay que tomar en cuenta los intereses neoimperiales y geopolíticos para entender mejor por qué se ha llegado al prohibicionismo. EEUU instauró, al terminar la Guerra Fría, la doctrina de los conflictos de baja intensidad que potencia problemas sociales existentes para hacerlos cucos de manera que justifiquen intervenciones y que rebajen la posibilidad de que la gente resista las medidas de recorte de libertades y garantías. Se crea así el tríptico menores–drogas–delincuencia, que se potencia también con la necesidad de legitimación de los gobiernos nacionales, que construyen o toman ya construidos, pequeños problemas, dominables, en vez de enfrentar los reales. En tercer lugar, “están los intereses de todas las corporaciones que se benefician de la prohibición porque esta les conviene de maneras económicas o políticas: la prensa, la Policía, los militares en los países en que hay narcotráfico o fronteras permeables, los profesionales de la salud física y síquica que viven de aterrorizar al mundo”.
Remató su exposición diciendo que “la irracionalidad resultante de estas potenciaciones genera conductas seudo racionales en las que se formulan los prejuicios a través de cifras para que parezcan juicios. Entonces viene toda la sarta de investigaciones absurdas sobre drogas, las encuestas en que se termina vinculando, por ejemplo, el consumo de marihuana a los 15 años con la esquizofrenia a los 65, mamarrachos lógicos y metodológicos que la Universidad no debería permitir que existieran y que son una vergüenza nacional”.
La posesión de drogas y la convicción moral de los juzgadores
Bardazano problematizó la afirmación de que en Uruguay el consumo de marihuana no es castigado. Refiriéndose al artículo de su autoría “Se presume culpable”, en el libro “Aporte universitario al Debate Nacional sobre Drogas”, concluyó que “las prácticas interpretativas de los jueces muestran decisiones que reflejan tratamientos jurídicos distintos a situaciones similares, criminalizando de hecho lo que se considera penalmente irrelevante en el derecho. La convicción moral de los juzgadores constituye una forma encubierta de penalizar la posesión de drogas para consumo personal. A esas prácticas penalizadoras contribuye, no solo la decisión legislativa de delegar en órganos inferiores la determinación del campo de aplicación de las reglas, sino también la tipicidad de peligro que presenta la legislación sobre drogas”.
Bardazano recordó como ejemplo decisiones judiciales derivadas de la interpretación del artículo 31 del decreto ley 14.294 en la redacción dada por la ley 17.016 (de 1998), que llevaron a penalizar la tenencia de 11,42 gramos de marihuana, en tanto con la redacción anterior hubo un caso en que se consideró razonable la tenencia de 110 gramos para el consumo personal.
Quién es quién
Rafael Bayce
Profesor titular en la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar, Ph. D. en Sociología y Ciencia Política en Estados Unidos y Brasil. Integrante del equipo coordinador del grupo de investigación CSIC “Aporte universitario al Debate Nacional sobre Drogas”, en el marco del Fondo para la comprensión pública de temas de interés general (Art.2).
Gianella Bardazano
Profesora adjunta de Teoría General y Filosofía del Derecho, Facultad de Derecho, Udelar. Investigadora Nivel I del Sistema Nacional de Investigadores -ANII. Integrante del equipo coordinador del grupo de investigación CSIC “Aporte universitario al Debate Nacional sobre Drogas”, en el marco del Fondo para la compresión pública de temas de interés general.
Julio Calzada
Secretario general – Secretaría Nacional de Drogas. Licenciado en Ciencias Sociales, Udelar. Cofundador del Instituto de Educación Popular El Abrojo, desde el cual impulsa el desarrollo de Políticas de Desarrollo y Fortalecimiento de la Sociedad Civil.
Eleuterio Umpiérrez
Docente de Facultad de Química. Encargado de Laboratorio en Polo Tecnológico de Pando. Asistente de Química Orgánica de la Facultad de Química. Docente colaborador del curso de Toxicología. Investigación «Avances en el estudio de la pasta base de cocaína», entre otros.
Juan Fernández Romar
Psicólogo. Profesor agregado del Instituto de Psicología Social de la Facultad de Psicología, Udelar. Desde 1993 ha desarrollado investigaciones sobre el impacto social y simbólico de las sustancias psicoactivas y los eventuales usos problemáticos de las mismas. En los últimos veinte años ha trabajado también en el campo de la psicología clínica de niños y adolescentes. Es autor de numerosas publicaciones entre los que se destacan “Los Fármacos Malditos”, Ed. Nordan, Montevideo, 2000; “El ojo blindado: Reflexiones sobre vida cotidiana y medios masivos de comunicación”, Ed. RocaViva, Montevideo, 1997
La actividad fue auspiciada por la Junta Nacional de Drogas, en el marco de las actividades del Día de las Naciones Unidas sobre el problema Drogas.
La República