Asistente social atacada en zona roja


Una asistente social que recorría Cerro Norte en su labor diaria, para entrevistarse con un adolescente en prisión domiciliaria, fue golpeada y robada por seis personas, entre ellas una mujer embarazada. La asistente no quiere salir más a la calle.


"Lo qué pasó es realmente muy grave y preocupante. Si hay alguien a quien siempre se respetó dentro de las zonas rojas fue a los asistentes sociales. A nadie se le ocurría meterse con ellos y siempre hubo una relación de respeto", dijeron a El País fuentes judiciales sobre la agresión a una trabajadora del área.

Hace poco más de una semana, una asistente social de menores recorría Cerro Norte en sus tareas de seguimiento y control a las medidas impuestas por el sistema judicial. En este caso, debía visitar a un menor que cumplía (o así se suponía) prisión domiciliaria.


Cuando llegó a la vivienda fue recibida por una señora, que se presentó como la abuela de crianza del menor, y le reconoció que este no estaba en la casa, como debía. Al preguntarle sobre su situación, la mujer respondió que el joven se encontraba a una cuadra de allí y que, incluso, hacía varios días no dormía en su hogar.

Ante esa respuesta, la asistente decidió dirigirse hasta la zona que le había indicado la mujer, y en el lugar se topó con un grupo de individuos. Poco le valió la presentación que hizo, anunciándose como la visitadora del menor que debía cumplir una pena domiciliaria.

"Uno de ellos se le abalanzó y de un empujón la tiró al piso. Ahí se sumaron los otros individuos, que hasta ese momento miraban, entre ellos una mujer embarazada, y le sacaron la cartera y le sustrajeron plata de sus bolsillos. Entre ese borbollón, al parecer, la asistente recibió algunos golpes, porque estaba golpeada", narraron a El País fuentes judiciales.

"Quizás el error de ella fue haber querido terminar su trabajo e ir a ver si el menor se encontraba donde efectivamente le habían dicho sus familiares. Quizás tendría que haber dejado el trabajo por la mitad y volver a su casa", indicaron colegas del sector en el que trabaja.

AFECTADA. Tras el incidente, la trabajadora social quedó visiblemente afectada, según transmitieron sus colegas. El País intentó comunicarse con la trabajadora involucrada, pero sin éxito. Sin embargo, sus colegas transmitieron la situación: "Está con ganas de dejar la tarea. Quedó muy afectada y no tanto por los golpes recibidos sino porque se le vino abajo la profesión. Las asistentes sociales son las más tolerantes. Son las que siempre procuran alivianar la internación y cambiarla por alguna medida sustitutiva porque confían en que los jóvenes pueden llegar a ser rehabilitados a partir de la conversación y del diálogo. Y la recibieron a los golpes. Es fuerte. Está desconcertada la mujer", afirmaron desde el área judicial.

Esta situación ha llevado a un reclamo interno, según supo El País, de mayores garantías para los trabajadores del sector, que inevitablemente, aseguran, no pueden ir acompañados por efectivos policiales.

"La presencia de la policía es vista como una provocación en estos barrios y puede ser peor que ir solo. Algunos apenas van con un chofer, que muchas veces ni entra al barrio; los deja a unas cuadras", cuentan sobre la tarea.

Actualmente, en el juzgado de menores trabajan dos psicólogos y dos asistentes sociales, que se dividen en dos grupos.
GASTÓN PÉRGOLA - El País Digital

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