Violador "confesó todo y dijo que estaba enfermo"

Natalia Cardozo es policía comunitaria desde hace tres meses, pero con eso le bastó para transformarse en la heroína de la Costa de Oro, luego de que identificó, siguió y fue determinante para el posterior arresto del violador serial de la zona.

Con sólo 29 años y tres meses de servicio como policía comunitaria de la Seccional 22 de Salinas, Natalia Cardozo es, según sus compañeros, "la policía del año". Su trabajo fue fundamental para que un peligroso violador, al que se le adjudicaron cuatro casos pero podría ser el autor de otros 15, fuera capturado y enviado a prisión. El confeso abusador, de 34 años, es casado, tiene dos hijos y usaba la camioneta de un cliente de un parking de su propiedad en el Centro de Montevideo.

"Esto empezó después de una serie de violaciones, hace dos semanas. Puse interés en el caso, supe que el hombre había actuado en una camioneta de determinadas características y puse atención. Vivo en esta jurisdicción y todos los días muy temprano ando en la zona porque llevo a uno de mis niños a tomar el ómnibus a la parada. Ahí lo vi por primera vez", dijo la agente, que es madre de dos varones de 12 y 8 años."El lunes de la semana pasada vi una camioneta con esas características que daba muchas vueltas y la seguí durante un rato", agregó Cardozo, que a esa hora vestía de particular.

"Cuando volvía a mi casa crucé la ruta y me encontré con que la camioneta estaba ahí, como esperándome. Me agaché como para atarme los cordones, le tomé la matrícula y seguí. Él se dio cuenta, porque avanzó un poco y me siguió vigilando. Cuando llegué a la portera de mi casa me di vuelta y seguía ahí, vigilándome", contó.

LA TRAMPA. Ese mediodía la novata informó a sus compañeros lo sucedido. "Resultó que todos los días la camioneta venía entre las 7 y las 8 de la mañana", contó. "Siempre estaba merodeando, en actitud sospechosa. El martes la vi en una panadería a las 8 y el miércoles en otro lugar de la zona".

Natalia aseguró que no se animó a intervenir durante esas mañanas "porque siempre que lo veía estaba sola, y ni siquiera estaba uniformada". El jueves por la mañana "acordamos que el viernes lo íbamos a esperar en la panadería para detenerlo".

Y así sucedió. Esta vez Natalia se uniformó temprano y junto a su compañero (vestido de particular) lo esperaron. "Apareció a las ocho en punto y entró a la panadería. Nos paramos al lado de la camioneta y cuando salió lo invitamos a acompañarnos. No se negó, ni opuso resistencia, estaba lo más tranquilo", relató.

Natalia le preguntó al hombre si sabía porqué lo estábamos llevando, pero él le respondió que no. "Cuando mi compañero se dio vuelta a pedir apoyo él se subió a la camioneta y se puso muy nervioso. Vi que tenía ganas de irse y le empecé a hablar. Me dijo que se iba y yo le advertí que eso empeoraba su situación. Encendió la camioneta y empezó a avanzar despacio mientras yo le hablaba caminando al lado y agarrada de la puerta. Hasta que en un momento aceleró y yo me prendí de la puerta. No se cómo ni porqué, pero me prendí. Y el aceleró mucho más. Me arrastró un montón de metros hasta que me solté porque no podía hacer nada más", relató a El País en la seccional de Salinas. Se le rompieron las botas y sintió un fuerte dolor. El médico le diagnosticó desgarro en el hombro.

Tras la fuga y un intento fallido por detenerlo en el peaje de Pando, la Justicia dispuso la captura. Con los datos de la investigación de esa semana (en la que participó hasta la Intendencia de Montevideo) el comisario, el oficial principal y el compañero de Natalia fueron en sus autos particulares a un parking de la calle Soriano. Ahí lo encontraron y lo detuvieron.

"Acá en la comisaría lo indagaron, confesó todo con lujo de detalles y dijo que estaba enfermo. En la tarde vino su familia, su madre, hermanos, la esposa… estaban todos bastante enojados", dijo Cardozo.

El hombre pasó la noche en la seccional y el sábado fue trasladado al juzgado, custodiado por Natalia. "Iba con él pero nunca me dijo nada. Mis compañeros le preguntaron porqué me había arrastrado, pero no dijo ni una palabra", aseguró Cardozo. "Mi vocación siempre fue servir, pero tuve que criar a mis hijos y recién ahora pude ingresar a la Policía", afirmó. Finalmente acotó: "Lo que hice es parte de mi trabajo, por suerte pudimos capturarlo. Ya no va a hacer sufrir a nadie más".

"Salí decidido; si lo veía lo mataba"


"Escuché que le dieron 8 años. Dicen que los años pasan y todo se olvida, y por suerte no logró lo que quería", dijo Eloy González, padre de la última joven que fue atacada por M.P. desde la camioneta. La violación no llegó a concretarse, pero la muchacha, de 20 años, fue brutalmente golpeada y manoseada.

"Ella venía de su trabajo en la moto por la ruta 87, él se adelantó en la camioneta, se bajó a esperarla y cuando ella dobló la tiró e intentó violarla", dijo el padre de la joven.

Eran cerca de las nueve y media de la noche. "Ya no había luz", recuerda Eloy. "Le pegó un par de patadas en la cabeza y en las costillas, le rompió todo el pantalón pero no llegó a sacárselo. Por suerte un muchacho que sintió los gritos salió con una linterna, el tipo se asustó y se fue". El padre asegura que esa noche, desesperado, podría haber hecho cualquier cosa.

"Tuvo suerte de que no lo encontré. Salí decidido, si lo veía lo mataba, o no sé lo que hubiera hecho", dijo González tomándose la cabeza. "Yo no estaba armado, pero lo mato con una piedra igual", dijo. "Por suerte la Policía actuó y él está preso", finalizó.
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