ATAQUE. HACE 30 AÑOS QUE DESEMPEÑA ESA FUNCIÓN; EL MARTES FUE BALEADO EN EL CUELLO DURANTE UN OPERATIVO DE RUTINA
"Pensé que me moría, si me habían dado en la yugular tenía apenas unos minutos". Esas fueron las primeras palabras del inspector de tránsito que casi pierde la vida por cumplir con su deber y perseguir a un motociclista que evadió un control.
"Ligué como un caballo", dice sentado en la cama del sanatorio. Para Eudillo, el pasado 30 de mayo era una jornada más en su tarea de inspector de transito. Sin embargo esa noche, de alguna manera, iba a cambiar su vida y a romper con el anonimato en el que trabajaba desde hace 30 años. "Nací de nuevo", dice todavía asombrado de cómo la bala le entró por el mentón, le recorrió la mandíbula, bajó por el cuello sin tocar la yugular y se le alojó bajo la clavícula izquierda.Allí la tendrá por mucho tiempo, si no para toda la vida, como recuerdo imborrable de aquella noche en que lo rozó la muerte. Ahora la vida se ve distinta con todos sus tesoros pero también con toda su gratuita y absurda violencia.
Era un operativo más de los cientos que ha hecho Eudillo de Marino (51) en su vida, pero a eso de las 21.30 horas: "Veo una moto que da vuelta. Eran dos personas con cascos integrales, la moto no tenía chapa ni luces. Salgo tras ella. No íbamos rápido, a unos 40 kilómetros. Me arrimo y le digo dos veces que se detengan, era una inspección de rutina", contó Eudillo a LA REPÚBLICA, mientras su celular no paraba de sonar con saludos de amigos y familiares. "En ese momento se adelantan a un ómnibus y luego hacen que se detienen. Ahí ya íbamos a una velocidad de paso de peatón". Pero cuando el inspector se aproximaba a la moto, el que viajaba atrás sacó un arma, apoyo el brazo en el hombro de quien conducía, se acomodó como quien tira al blanco y le disparó a la cabeza. Aunque todo fue en un segundo y Eudillo apenas alcanzó a ver un destello. "Vi el fogonazo pero no sentí la bala. Me di cuenta que estaba herido cuando sentí el calor de la sangre que me caía en el cuello y por el brazo".
Lo milagroso
Mientras la moto huía, la esquina de Belloni y Aparicio Saravia se transformaba en un caos. Llegaron sus compañeros, los policías que colaboran con el operativo, funcionarios de un cuartel ubicado en frente y hasta un auto con cuatro policías de particular del Operativo Bus Seguro. Estos habían escuchado dos detonaciones segundos antes."Me querían acostar, me querían meter para dentro del cuartel, yo sentía un fuerte dolor en la yugular, como una presión y me dije:'Acá la quedé'. Pensé que me moría. Si me habían dado en la yugular tenía apenas unos minutos para hablar. Me querían recostar. ¡Qué me voy a recostar, llévenme ya!", cuenta el trabajador que nunca perdió el conocimiento aquella noche. Ahora, mientras el sol calienta la ventana del sanatorio del Banco de Seguros, Eudillo parece buscar una explicación a tanta demencia. Otra tarea por delante es olvidar ese instante. Lograr que aquel fogonazo no reaparezca en su mente cada vez que se acerque a un conductor cuando vuelva a trabajar. Para eso un equipo de psicólogos lo está ayudando a superara el efecto postraumático. "Ahora desconfío de todo. Es como si nosotros estuviéramos hablando así y yo de repente sacara un chumbo y te tirara", explica.
Lo ingrato
El pasado 15 de mayo Eudillo cumplió sus 30 años como inspector de transito de la Intendencia de Montevideo. En estas tres décadas a diario ha cumplido esa tarea que cae tan antipática a buena parte de la sociedad. Así ha sufrido varias agresiones fundamentalmente verbales, pero nunca nada similar. El motivo de la agresión por ahora es pura conjetura. Desde que eran ladrones de motos, rapiñeros que estaban por dar un golpe o dos descerebrados que tiraron a matar para divertirse. "Nuestra tarea es muy ingrata y pocas veces se nos reconoce lo necesario de nuestro trabajo". Eudillo ha intervenido en decenas de accidentes, cargando y corriendo con heridos en los brazos, avisando a familiares de las víctimas, haciendo las primeras llamadas de alerta a las emergencias. "Cuando cinco minutos esperando una emergencia se vuelven una eternidad", comenta.Esa misma noche cuando iba hacia el operativo, por General Flores un joven en moto cruzó la avenida y casi lo choca. "Lo detuve, era menor y no tenía libreta. Le tenía que sacar la moto y llevarlo a la seccional. Le pregunté de quién era la moto y me dijo que era del padre, así que preferí ir hasta la casa. En la casa me atendió un tío del chico. El hombre no lo podía creer, la madre se le había muerto en un accidente, la hermana también cuando iba en una moto y el joven no había aprendido la lección. Le hice la multa, no lo llevé a la seccional pero le pedí al tío que se comprometiera a contarle al padre", cuenta Eudillo, padre de familia, para quien la lucha porque la gente tome consciencia de las responsabilidades que conlleva el tránsito es de todos los días.
Sin embargo la tarea educativa no es reconocida y el común de la gente se queda con aquel personaje que lo persigue para ponerle una multa; esa antipatía puede llegar a niveles insospechados.
"Yo sé que aunque parezca increíble capaz que hay mucha gente que se alegró con este episodio, es como si sintieran satisfacción porque matan a un periodista o a un policía", apunta. Sin embargo, su celular parece decir lo contrario. Además de la visita de la intendenta Ana Olivera y otros jerarcas de la IM, más de 30 compañeros ya pasaron a darle un abrazo e incluso se ha reencontrado con personas con las que ni soñaba hacerlo, como una profesora de la que hacía más de 30 años que no tenía noticias. "Estas muestras de afecto y solidaridad te dan fuerzas más allá de las cosas malas de la vida, en este tiempo también sentí el afecto de los funcionarios del Casmu y del Banco de Seguros. Todo eso me ayuda a recuperarme y a estar como estoy", dice Eudillo de quien nadie diría que tiene una bala en su cuerpo. Uno de los amigos que lo llamó trabaja en el cementerio cavando tumbas. "Tapá el pozo nomás que por ahora no voy a ir", bromeó al teléfono el inspector que vivió para contarla.
INDAGATORIAS
Efectivos de varias dependencias de Jefatura continúan la indagatoria para identificar a los responsables de la agresión, con un disparo de arma de fuego, contra un inspector de tránsito de la Intendencia de Montevideo (IM), durante un control vehicular de rutina. El inspector fue baleado en el mentón, permaneciendo aún internado, pero fuera de peligroEn este sentido, las dos personas detenidas por su presunta participación en el violento incidente fueron dejadas en libertad por disposición judicial.
Asimismo, un menor de edad fue investigado en la causa, tras participar en un hecho con características similares a la agresión contra el inspector.
Empero, el joven también fue excluido de la indagatoria, en virtud de no haber sido reconocido por el funcionario municipal.
En tanto, ayer se produjo una nueva agresión contra un inspector de la comuna durante un control vehicular de rutina (ver página 12). Un inspector sufrió fractura de caballete nasal, al ser agredido por un hombre que se negó a someterse al control. El individuo está plenamente identificado.