Opina Martin Marquez:

El problema de la minoridá - Qué pretende el Chapulin Colorado?

Por estos días, Pedro Bordaberry ha iniciado la campaña que busca plebiscitar la baja de la edad de imputabilidad. Otros temas acompañan en el tapete político, pero desde mi punto de vista, ninguno es tan importante como este y los costos que pueda tener en el futuro a mediano y largo plazo para el país deben ser analizados a fondo. No es un tema para tomarlo a la ligera, no es cuestión de pronunciarse sin elementos. Esto, es una guerra de clases, declarada en su máxima expresión. Pero para abordar el tema, es preciso hacer un análisis histórico que, como buen materialista, siempre me ayuda a entender mejor el presente.

En la escuela primero, luego en el liceo, nos hicieron creer ese país de los 40, “de las vacas gordas”, o “la Suiza de América” que lejos estaba de serlo. Hoy, Suiza es un país que concentra en sus bancos una parte importante de la riqueza mundial, que tiene una estabilidad económica admirable, y forma parte de ese odioso “primer mundo”. Nosotros seguimos acá, uruguayos como siempre, “arreglándola con alambre”. Este país vivió alguna época de esplendor y engorde económico debido a la coyuntura internacional, a las guerras mundiales, la guerra civil española, etc. Pero lo bueno dura poco, dicen, o al menos para algunos. Adelgazaron las vacas, y el país entró en un período de declive económico allá por los 50, que nos enfrentó a una inevitable realidad: Somos un país dependiente.   

Todo este “prólogo histórico” es necesario para llegar al tema que nos interesa, ya que los sucesivos gobiernos colorados –centralistas, urbanistas- se preocuparon (desde José Batlle y Ordóñez, a su sobrino, Luis Batlle Berres) por la industrialización del país y olvidaron escuchar la voz del campo. Para el 55, la economía se hundía sin remedio, y el campo sufría bastante más que la ciudad las consecuencias de la crisis. Mucha población campesina, trabajadora, emigró a Montevideo con la ilusión de encontrar más posibilidades laborales y se estableció en la periferia, en zonas concretas, asentamientos. Las sucesivas generaciones derivadas de esas familias, ya nacieron en la pobreza, sin el orgullo de tener un oficio, cada vez más relegadas por el sistema político, cada vez más marginadas y discriminadas por una situación, de la que poca culpa tenían, y tienen.

Hoy, ya pasaron unas cuatro, o cinco generaciones y como no puede ser de otra manera, la situación se agudizó. Las políticas neoliberales de los 80, los 90, la crisis del 2002, y demás males del sistema capitalista imperante, agravaron cada vez más la realidad. Nunca se dio posibilidades a esa gente, que eran manipulados y convocados -a lo sumo- cada 5 años por algún eminente político acaudillado, quien cambiaba su voto por algún choripán, con suerte un vaso de vino. Eso a los que tenían la suerte de figurar como ciudadanos uruguayos, de estar documentados.
Muchas cosas positivas nos dejó el batllismo como legado cultural, pero algunas realmente tremendas, como aquella máxima de que “el que quiere, con esfuerzo, puede salir adelante”. La realidad nos dice otra cosa, y es que hoy el sistema de clases es tan estático y cerrado como en la organización social del sistema feudal, pero un poco más pintoresco. El mismo perro, con distinto collar. Mientras no exista igualdad real de oportunidades, no tendremos justicia social.

Hoy sin duda, vivimos una situación de inseguridad y violencia, violencia que no practican solo los delincuentes, o los menores infractores, sino la sociedad toda. Violencia en el fútbol, violencia en el tránsito, violencia en los centros educativos, en fin, violencia con muchos etcéteras. Todos somos responsables de esa sociedad que construimos, todos debemos buscar soluciones y soluciones reales.

Pedro Bordaberry plantea que es necesario bajar la edad de imputabilidad. Para él, un joven pobre es un delincuente, y hay que encerrarlo porque “molesta” a la sociedad “de bien”. Pedro Bordaberry no se da cuenta de que esa no es la solución a nuestra problemática, que con esa propuesta solo logrará reproducir la delincuencia, generar más violencia. No tiene presente que un individuo nunca nace delincuente, que es producto del contexto en el que es criado, que es producto de una sociedad y que en definitiva, no es culpable por ser lo que es. Así como yo, criado en una familia de clase media, con muchas posibilidades, con buen nivel cultural, no me concibo robando para alimentar a mis hermanos, tampoco puedo culpar al que no tuvo esa suerte de cuna, y nació en un entorno de pobreza y miseria. ¿Qué logrará con esto? Quizá encierren a los jóvenes de 16 años que delinquen, y dentro de un tiempo tengamos a sus hermanos de 12 robando, porque esa gente necesita comer, vestirse, educarse, tener una vivienda digna, y mientras no sepamos satisfacer esas necesidades básicas a toda la sociedad, no solucionaremos nada.

         Las sociedades que no piensan y construyen en colectivo, se atrofian, se vuelven insanas. El individualismo es un mal que al ser humano le cuesta combatir, y la mayoría de gente que vote para plebiscitar esta reforma, no lo hará pensando en el futuro colectivo, sino en su seguridad personal. Tenemos que aprender a mirar al costado, al otro, al que está peor que nosotros y entender que las problemáticas sociales son profundas. Nunca podemos pensar que las soluciones simplistas y facilistas son las mejores, es un grave error.

         Pero tampoco se trata de criticar la propuesta de los otros, y no sentarse a pensar una propia. Ya sabemos por dónde va  la cosa, hay que laburar con esa gente, limpiarlos del estigma y darles posibilidades de inserción. Esa es mi propuesta, y no la de un sistema carcelario que reproduzca delincuentes, hacinamiento, que sea escuela del delito. Eso sirve a los intereses de ciertos sectores sociales, que no quieren ver un paisaje estropeado por la imagen de los pobres, que buscan esconder la realidad de la que son los más grandes responsables.

                Cada persona sabe en lo más íntimo de su razón, que es lo justo y que es lo simple. Que es mejor para la sociedad, y que es mejor para uno mismo. Lo que hagamos después, determina como somos. NO A LA BAJA DE LA EDAD DE IMPUTABILIDAD, Ser joven no es delito!!

Martín Márquez Berterreche
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