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Aumentan los conciertos de música, se abre una nueva sala para cuarenta espectadores y se incorpora la exhibición de cine nacional y extranjero de calidad.
El cine es una actividad que se suma a la Sala Zitarrosa pero no en desmedro de la música, a tal punto que habrá más espectáculos musicales que antes. Su exhibición no ocupará más del veinte por ciento de la programación de la sala.
El director de la sala Zitarrosa, Jorge Schellemberg, informó que “la sala tiene más de cien mil espectadores por año. Hay días en que hay tres funciones de música. Además, se hacen ochenta funciones de música en extensión escolar, y ahora se incorpora el cine”.
Para designar al sonidista de la sala y a un asistente se realizó recientemente un concurso, que se encuentra en su etapa final y dejará una lista de prelación fruto de los puntajes establecidos, para cubrir con profesionales calificados cualquier trabajo que se necesite en otras salas o espacios de la IM.
El sonido de la música
El año pasado se renovó todo el audio de la sala dejándola al mejor nivel del país. Esto se hizo gracias a una donación de cien mil dólares de la Embajada de Corea del Sur que no impuso determinados equipos, sino que abonó lo que se seleccionó, lo cual permitió acceder a material de gran calidad en equipamiento de sonido.
Schellemberg explicó: “Desde el punto de vista de la apertura a los diversos géneros musicales, se busca la incorporación manteniendo equilibrios. Por ejemplo, le hemos dado la posibilidad a la música tropical, que antes no tenía cabida, pero sus espectáculos son pocos porque tienen su propio circuito comercial funcionando. Un caso distinto es el del folclore, que prácticamente no accede a ninguna otra sala y, salvo en la semana Criolla en El Prado, también organizada por la IM, prácticamente no tiene sala en todo Montevideo que no sea la Zitarrosa. En el caso del rock, hay lugares pero no muchos y por eso también le damos espacio. Además tenemos jazz, tango, carnaval, etcétera, con diversidad y calidad”.
La ventana indiscreta
En el mundo proliferan cada vez más los productos audiovisuales, pero lo que aumenta la producción no tiene cabida en la distribución ni en la exhibición comercial. No es un fenómeno nuevo aunque sigue siendo una realidad; una sala pública debe tener una política cultural que piense y trabaje con una lógica diferente a la del mercado. Traer el cine que nunca llegará por otras vías es brindar una suerte de ventana al mundo, tanto como una mirada a las creaciones nacionales.
“Con el cine tenemos mucha alegría porque permite exhibir cine de mucha calidad que no tiene espacio comercial. Para eso tomamos un proyecto impulsado desde el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU), y apoyado por la Oficina de Locaciones de la IM, que es la Red de Salas de Cine Digital. Esa red tiene cinco salas en Uruguay, cuatro en el interior y la Zitarrosa en Montevideo. Esto es así por resolución del Comité Asesor del Mercosur, qué definió los departamentos en los que habría una sala”, informó Schellemberg.
El director agregó: “Ahora incorporamos el cine contemporáneo que si es nacional tiene enormes dificultades de acceso a las salas comerciales, y cuando se exhibe no tiene la posibilidad de mantenerse en esas pantallas. Y si es extranjero, no llega a Uruguay. El cine que se se exhibirá serán preestrenos, películas de los países del Mercosur, por la importancia cultural de que el cine que se hace en la región circule entre nosotros, y que si no se busca y concreta, nunca se exhibe. Para su exhibición contamos con el proyector que aportó la Red de Salas de Cine Digital y una gran pantalla, también comprada mediante la donación de Corea del Sur, que de despliega electrónicamente desde el techo en pocos minutos y permite gran calidad de imagen”.
“A eso se le suman los festivales de cine como el Doc Montevideo, el Festival de Derechos Humanos, el Festival Llamale H y el Festival de Cinemateca Uruguaya, con la que tenemos un convenio para ser una sala de ese festival, que es el más importante de Uruguay. Con Cinemateca hemos firmado un convenio que permite que sus socios vean cine aquí abonando lo mismo que en sus salas”, afirmó.
Sinergias
“Además –prosiguió Schellemberg– tenemos un ciclo de música que se llama EllaZ, en el marco del Mes de las Mujeres. Aunque en la Zitarrosa hay mujeres todo el año, en ese ciclo cada concierto será abierto por un cortometraje del Festival Fememinas, algo que queremos hacer con casi todos los espectáculos, buscando esa sinergia entre las artes. A eso agregamos que vamos a hacer más funciones de extensión escolar, específicamente con cine, para que los niños y niñas vengan a ver cine infantil. Además, los domingos de tarde incluiremos una función de cine para niños”.
“Al crearse la sala Zitarrosa, el Teatro Solís estaba cerrado por su reforma, no existía el auditorio del Sodre, estaba sólo el Teatro de Verano, por lo que esta sala jugó un papel clave. Hoy existe una oferta de espectáculos muy nutrida y es importante mantener una grilla de conciertos que se pueden justificar por su convocatoria, junto a otros que entendemos que se deben impulsar porque culturalmente son importantes. Eso lo hacemos con los artistas nacionales, muy conocidos y con los que no lo son tanto, y también con artistas extranjeros que logramos que se presenten en nuestro país. Por ejemplo, tenemos un ciclo que se denomina Llegando a Montevideo, con músicos de toda Iberoamérica. De esa manera, con viáticos ínfimos para la calidad de esos artistas que vienen gracias a la confianza que hemos generado como sala, nuestro público puede acceder a espectáculos de gran nivel con artistas que convocan y son muy caros en sus países de origen, y aceptan venir a presentarse en la Zitarrosa”, destacó el director de la sala.
Con la música a otra parte
La frase puede asustar a más de uno, sin embargo se trata de que la principal sala dedicada a la música en el país no sólo incorpora otras artes sino que potencia aun más los espectáculos musicales, creando un nuevo espacio.
Schellember cuenta: “A nivel nacional, hay músicos jóvenes y a veces algunos veteranos, que con mucho esfuerzo pueden actuar y llenar una vez en el año. ¿Y el resto de tiempo qué hacen? Para eso, para permitir ampliar la oferta cultural, abrimos ahora una nueva sala pequeña para cuarenta espectadores, en el primer piso sobre la avenida 18 de Julio, donde estuvo la cafetería. Fue remodelada con un audio especial para ese espacio que, además, lleva el nombre Espacio Felisberto Hernández”.
“Hicimos un llamado y se anotaron 150 músicos –comentó el director– entre los cuales hay varios nombres de jerarquía junto a nuevos artistas menos conocidos que es importante difundir. Eso nos permitirá que, cuando haya cine en la sala principal, siempre haya un espectáculo de música al mismo tiempo, o incluso dos conciertos de música a la vez. Vamos a rondar las 450 funciones anuales entre música y cine. Si sólo hablamos de música, pasaremos las 300 funciones al año. No hay ninguna sala en nuestro país que tenga esta cantidad y variedad de espectáculos. La Zitarrosa siempre fue, desde sus inicios, una sala con mucha carga de espectáculos, y eso no sólo lo mantenemos sino que lo potenciamos”, afirmó Schellember.
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