Del día menos pensado

El canto de los uruguayos despierta a los porteños de un sueño copero del que no han querido desayunar

Una veintena de uruguayos amanecen a la esquina porteña de Ecuador y Santa Fé, en pleno barrio Palermo.

Es la hora 7.30 y el coro de “Soy celeste” trae a un vecino con un mate. El vecino, que se levantó por el despertador improvisado, otro uruguayo. Sus vecinos, locos de la vida.

Pero la fiebre copera no se sintió hasta la mañana del domingo. La noche del sábado en Buenos Aires fue una noche más.

Ni siquiera Alejandro Balbis y Edú “Pitufo” Lombardo pudieron despertar del sueño porteño a la ciudad. Tocaron en Sambung Studio ante una centena de argentinos y algunos uruguayos que no quisieron meterse en problemas y aplaudieron con timidez los augurios de victoria de los cantantes.

En la plaza Serrano, centro turístico de la noche porteña, la velada del sábado transcurrió como una más. Una bandera perdida de Uruguay, algunos hinchas camuflados entre la muchedumbre, que despreocupada por la Copa, no balbució la palabra fútbol.

Pero la negación tiene patas cortas. Y a pesar del querer porteño, la tarde del domingo no es una tarde más: juega Uruguay y corren 3 millones de un lado del río y algunos miles de éste, desde tempranito, como un despertador.

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