Otra vez un partido entre Peñarol y Racing en el estadio Charrúa terminó con incidentes. Otra vez entre hinchas aurinegros y la Policía. Esta vez el saldo fue de seis detenidos y muchos más golpeados durante una feroz represión de los uniformados.
Con el partido en juego, el árbitro Líber Prudente le pidió a Antonio Pacheco, capitán de Peñarol, que intercediera ante los hinchas para que dejaran de arrojar objetos a la cancha. El partido estuvo algunos minutos detenido, pero los problemas no pasaron a mayores.
Al finalizar el partido, se generó un nuevo inconveniente, pero esta vez directamente entre la Policía y los hinchas de Peñarol, en momentos que algunos de estos se disponían a descolgar sus banderas y unos pocos intentaban acceder a la cancha, como generalmente ocurre en el último partido de la temporada local.
La represión policial llamó la atención por lo feroz. Como siempre ocurre en estos casos, la culpa pasa de una cancha a la otra dependiendo a quién se consulte. Según la Policía, se respondió a una agresión por parte de los hinchas, que desde la tribuna arrojaron objetos contundentes a los oficiales. Según los hinchas, la Policía fue la que generó los inconvenientes, provocándolos una vez finalizado el encuentro para buscar una reacción. Incluso, se acusó a la Policía de haber retenido una bandera.
Lo cierto es que fueron momentos inquietantes, porque en la tribuna no había sólo hombres, sino una gran cantidad de mujeres y niños. Una vez que se calmaron los ánimos y que la tribuna se desalojó -proceso en el cual abundaron los golpes policiales- los hinchas se quejaron que la represión fue "sin mirar a quién le pegaban".
Al respecto, el vicepresidente de Peñarol, Edgar Welker, afirmó que se entablarán los contactos pertinentes a nivel ministerial porque "causó honda preocupación el tenor de la represión policial en una situación que no lo ameritaba de esa manera".
Desde la Jefatura, en tanto, se dio cuenta de los daños causados a una moto policial y en los baños del estadio.
Con el partido en juego, el árbitro Líber Prudente le pidió a Antonio Pacheco, capitán de Peñarol, que intercediera ante los hinchas para que dejaran de arrojar objetos a la cancha. El partido estuvo algunos minutos detenido, pero los problemas no pasaron a mayores.
Al finalizar el partido, se generó un nuevo inconveniente, pero esta vez directamente entre la Policía y los hinchas de Peñarol, en momentos que algunos de estos se disponían a descolgar sus banderas y unos pocos intentaban acceder a la cancha, como generalmente ocurre en el último partido de la temporada local.
La represión policial llamó la atención por lo feroz. Como siempre ocurre en estos casos, la culpa pasa de una cancha a la otra dependiendo a quién se consulte. Según la Policía, se respondió a una agresión por parte de los hinchas, que desde la tribuna arrojaron objetos contundentes a los oficiales. Según los hinchas, la Policía fue la que generó los inconvenientes, provocándolos una vez finalizado el encuentro para buscar una reacción. Incluso, se acusó a la Policía de haber retenido una bandera.
Lo cierto es que fueron momentos inquietantes, porque en la tribuna no había sólo hombres, sino una gran cantidad de mujeres y niños. Una vez que se calmaron los ánimos y que la tribuna se desalojó -proceso en el cual abundaron los golpes policiales- los hinchas se quejaron que la represión fue "sin mirar a quién le pegaban".
Al respecto, el vicepresidente de Peñarol, Edgar Welker, afirmó que se entablarán los contactos pertinentes a nivel ministerial porque "causó honda preocupación el tenor de la represión policial en una situación que no lo ameritaba de esa manera".
Desde la Jefatura, en tanto, se dio cuenta de los daños causados a una moto policial y en los baños del estadio.