Una persona con conocimientos de relaciones públicas, publicidad, prensa escrita, televisión y radio, trabajo la pasada temporada, en un supermercado para poder pagar sus estudios.
El Auxiliar Técnico en Comunicación Social, y futuro Técnico en Comunicación, comenzó a buscar un trabajo para costear los gastos que le conllevan educarse en Montevideo. En noviembre y diciembre envió a diferentes lugares un currículo que mencionaban sus conocimientos de inglés, computación y comunicación.
En el mediodía del viernes 20 de diciembre, mientras comía unos fideos, una cadena de supermercados se contactó con él. Se concertó una cita al otro día en una de sus sucursales pero, como le faltaban algunos papeles, ese mismo día no se pudo concretar su llegada a la empresa.
Paso fin de año y ninguna compañía lo llamaba. Se empezó a hacer la idea de que no trabajaría y pensaba de qué manera podría financiar su carrera universitaria.
El 13 de enero de este año, y nuevamente al mediodía, la compañía que en un primer momento lo había llamado, se comunicó con él y le ofreció un trabajo como reponedor en una de sus sucursales. Ese mismo día y a las 20:00 horas firmo el contrato. Al otro día, el 14 de enero a las 15:00 horas, comenzó su jornada laboral. Luego de que Patricia le diera el uniforme, realizo junto a ella un recorrido por el lugar. Primero pasaron por gerencia y conoció a Raquel, luego siguieron hasta el depósito y conoció a Mauricio, quien lo mando a reponer leche. El que lo ayudo y le explico fue otro reponedor, Gastón. En la mañana la heladera donde se encuentran los yogures y mantecas se rompió, pero para cuando entró el nuevo empleado ya la habían arreglado, así que la siguiente misión fue ordenar todos los productos que horas antes tuvo que sacar los compañeros. Allí conoció a otra gerente, Ana, que volvía luego del descanso semanal.
Esa tarea no la realizo por demasiado tiempo ya que otra heladera estaba vacía. Era la de bebidas, que con 40 grados de temperatura a la sombra, se iban más rápido de lo que se ponían en las heladeras. A partir de ese momento, y hasta ayer que renuncio para irse a estudiar a la capital, fue su responsabilidad. Esa noche conoció a Ariel en depósito y a sus compañeros reponedores: Gustavo y Christina.
La segunda jornada le toco acomodar “la góndola de las latas”, ahí conoció a Jonathan que le enseño como armar un carro para reponer. También estaba Christian y Gustavo. A media tarde llego Nicolás. Al otro día se relacionó con Ángel y Santiago. A medida que fueron pasando los días, con muchos más.
No se puede negar que en la segunda semana de enero el tiempo no ayudo y las lluvias constantes hicieron que muchas personas se fueran antes o directamente no veranearan. Esto trajo un problema; las ventas bajaron y hay mucho personal. Como era de esperar llego el recorte de empleados. Cuando el periodista regreso de su primer descanso semanal, sacaron un reponedor. Esto por supuesto que pone nervioso a cualquiera ya que una noche cuando fuera a marcar la salida, le podían decir: “Ya no necesitamos de tus servicios”. A la semana, como no podía ser de otra manera, cuando regreso del libre, algo pasó.
Una góndola se encontraba cerrada porque estaban arreglando el aire acondicionado. Sobre las 20:30 horas Nicolás estaba colocando leche en la heladera, cuando de repente se escuchó un estruendo. Una parte del cielo raso del salón se movió e hizo que cayera un soporte de luces sobre las góndolas de espumantes. En el suelo se vertieron tres botellas de sidra, causando un gran charco. Sobre ese lago de alcohol y a solo 50 centímetros se encontraba el soporte suspendido por los cables. Por suerte las únicas heridas fueron las botellas de sidra.
A los vecinos del joven “se les caía la mandíbula” al verlo trabajar levantando cajones, cajas y fundas de distintos productos. No se sabe si era porque lo ven como una persona inservible o por los conocimientos que él posee.
Pasó la semana, y antes de su descanso, personal del depósito con la ayuda de los reponedores sacaron heladeras del salón y entraron una nueva. Hoy allí se encuentra la leche, los chacinados, las pastas, los jugos y quesos.
A la semana siguiente, y alrededor de las 22:30 horas, un supervisor de la casa central andaba por la sucursal. De repente un fuerte golpe de agua estallo sobre la ciudad de Piriápolis. Las calles se inundaron y los desagües del establecimiento no dieron abasto, causando algunos charcos de agua que “había que cruzarlos en lancha” pero que en ningún momento llego a los productos que allí se encontraban.
Reponiendo bebidas, puré, papel higiénico, harina, grasa fue pasando la semana. Llego la mitad de febrero y otro reponedor quedo sin trabajo. Ahí ya mucho no le preocupaba el despido porque ya le quedaba poco para terminar el mes.
El pasado domingo un compañero del comunicador renuncio a la empresa “por razones personales” y hace una hora lo hizo él. Por allí vio pasar comunicadores, políticos vinculados a la intendencia y a Presidencia. Como él muchos hacen lo mismo, algunos trabajan en tiendas, otros en restaurantes o lugares de comida rápida.
Ahora comienza otro desafío, levantarse, a partir del 11, de lunes a viernes a las 04:30 horas, tomarse un ómnibus a las 05:00 horas, llegar a Montevideo a las 06:30 horas, entrar a estudiar a las 07:30 horas, salir a las 13:00 horas, llegar a su casa a las 16:00 horas e irse a Pan de Azúcar a las 20:30 horas a dormir. Nuevamente levantarse a las 04:30 horas y así hasta fines de Octubre, principio de noviembre. Esperemos que dentro de nueve meses, más precisamente el 15 de noviembre, nos podamos dirigir a él como un Técnico en Comunicación Social.
El Auxiliar Técnico en Comunicación Social, y futuro Técnico en Comunicación, comenzó a buscar un trabajo para costear los gastos que le conllevan educarse en Montevideo. En noviembre y diciembre envió a diferentes lugares un currículo que mencionaban sus conocimientos de inglés, computación y comunicación.
En el mediodía del viernes 20 de diciembre, mientras comía unos fideos, una cadena de supermercados se contactó con él. Se concertó una cita al otro día en una de sus sucursales pero, como le faltaban algunos papeles, ese mismo día no se pudo concretar su llegada a la empresa.
Paso fin de año y ninguna compañía lo llamaba. Se empezó a hacer la idea de que no trabajaría y pensaba de qué manera podría financiar su carrera universitaria.
El 13 de enero de este año, y nuevamente al mediodía, la compañía que en un primer momento lo había llamado, se comunicó con él y le ofreció un trabajo como reponedor en una de sus sucursales. Ese mismo día y a las 20:00 horas firmo el contrato. Al otro día, el 14 de enero a las 15:00 horas, comenzó su jornada laboral. Luego de que Patricia le diera el uniforme, realizo junto a ella un recorrido por el lugar. Primero pasaron por gerencia y conoció a Raquel, luego siguieron hasta el depósito y conoció a Mauricio, quien lo mando a reponer leche. El que lo ayudo y le explico fue otro reponedor, Gastón. En la mañana la heladera donde se encuentran los yogures y mantecas se rompió, pero para cuando entró el nuevo empleado ya la habían arreglado, así que la siguiente misión fue ordenar todos los productos que horas antes tuvo que sacar los compañeros. Allí conoció a otra gerente, Ana, que volvía luego del descanso semanal.
Esa tarea no la realizo por demasiado tiempo ya que otra heladera estaba vacía. Era la de bebidas, que con 40 grados de temperatura a la sombra, se iban más rápido de lo que se ponían en las heladeras. A partir de ese momento, y hasta ayer que renuncio para irse a estudiar a la capital, fue su responsabilidad. Esa noche conoció a Ariel en depósito y a sus compañeros reponedores: Gustavo y Christina.
La segunda jornada le toco acomodar “la góndola de las latas”, ahí conoció a Jonathan que le enseño como armar un carro para reponer. También estaba Christian y Gustavo. A media tarde llego Nicolás. Al otro día se relacionó con Ángel y Santiago. A medida que fueron pasando los días, con muchos más.
No se puede negar que en la segunda semana de enero el tiempo no ayudo y las lluvias constantes hicieron que muchas personas se fueran antes o directamente no veranearan. Esto trajo un problema; las ventas bajaron y hay mucho personal. Como era de esperar llego el recorte de empleados. Cuando el periodista regreso de su primer descanso semanal, sacaron un reponedor. Esto por supuesto que pone nervioso a cualquiera ya que una noche cuando fuera a marcar la salida, le podían decir: “Ya no necesitamos de tus servicios”. A la semana, como no podía ser de otra manera, cuando regreso del libre, algo pasó.
Una góndola se encontraba cerrada porque estaban arreglando el aire acondicionado. Sobre las 20:30 horas Nicolás estaba colocando leche en la heladera, cuando de repente se escuchó un estruendo. Una parte del cielo raso del salón se movió e hizo que cayera un soporte de luces sobre las góndolas de espumantes. En el suelo se vertieron tres botellas de sidra, causando un gran charco. Sobre ese lago de alcohol y a solo 50 centímetros se encontraba el soporte suspendido por los cables. Por suerte las únicas heridas fueron las botellas de sidra.
A los vecinos del joven “se les caía la mandíbula” al verlo trabajar levantando cajones, cajas y fundas de distintos productos. No se sabe si era porque lo ven como una persona inservible o por los conocimientos que él posee.
Pasó la semana, y antes de su descanso, personal del depósito con la ayuda de los reponedores sacaron heladeras del salón y entraron una nueva. Hoy allí se encuentra la leche, los chacinados, las pastas, los jugos y quesos.
A la semana siguiente, y alrededor de las 22:30 horas, un supervisor de la casa central andaba por la sucursal. De repente un fuerte golpe de agua estallo sobre la ciudad de Piriápolis. Las calles se inundaron y los desagües del establecimiento no dieron abasto, causando algunos charcos de agua que “había que cruzarlos en lancha” pero que en ningún momento llego a los productos que allí se encontraban.
Reponiendo bebidas, puré, papel higiénico, harina, grasa fue pasando la semana. Llego la mitad de febrero y otro reponedor quedo sin trabajo. Ahí ya mucho no le preocupaba el despido porque ya le quedaba poco para terminar el mes.
El pasado domingo un compañero del comunicador renuncio a la empresa “por razones personales” y hace una hora lo hizo él. Por allí vio pasar comunicadores, políticos vinculados a la intendencia y a Presidencia. Como él muchos hacen lo mismo, algunos trabajan en tiendas, otros en restaurantes o lugares de comida rápida.
Ahora comienza otro desafío, levantarse, a partir del 11, de lunes a viernes a las 04:30 horas, tomarse un ómnibus a las 05:00 horas, llegar a Montevideo a las 06:30 horas, entrar a estudiar a las 07:30 horas, salir a las 13:00 horas, llegar a su casa a las 16:00 horas e irse a Pan de Azúcar a las 20:30 horas a dormir. Nuevamente levantarse a las 04:30 horas y así hasta fines de Octubre, principio de noviembre. Esperemos que dentro de nueve meses, más precisamente el 15 de noviembre, nos podamos dirigir a él como un Técnico en Comunicación Social.
Joaquín Baliero – JBC
