Triste colofón de la relación de Juan R. Carrasco con Danubio. Fue como la "crónica de una muerte anunciada".
Una vez enterado formalmente de la decisión de la Asamblea Ordinaria de socios de Danubio, JR resolvió alejarse ya del cargo y no dirigir en los últimos dos partidos. La respuesta tuvo comprensión y hasta alivio de la dirigencia del equipo de la Curva de Maroñas.
La convivencia entre JR y la hinchada de los albinegros era insostenible y teniendo en cuenta que no va a seguir más en la institución, el profesional prefirió evitar eventuales incidentes.
En una Asamblea donde la directiva y socios iban a tratar la memoria y balance, salió una moción para manejar la renovación del contrato al técnico saliente. Por más de 200 votos, se aprobó la iniciativa elevada por un socio de dar mandato a la dirigencia para no renovar el vínculo con el entrenador. En los últimos partidos, los hinchas franjeados pedían a gritos e insultos al presidente mano firme con Carrasco.
La "tirria" con JR no obedeció sólo a los reiterados malos resultados y al nivel bajísimo del equipo. Cayeron muy mal sus dichos, especialmente los vertidos después del partido que River Plate le ganó en Jardines del Hipódromo.
Cuando fue presentado, Carrasco admitió que no era el momento para el "tiqui, tiqui" y anunció que habría un periodo de transición dando a entender que demoraría el fútbol que es del paladar de los seguidores de Danubio. El entrenador estaba dispuesto, según dijo, a apelar a un juego resultadista, pero la realidad mostró lo contrario.
Carrasco asumió la conducción en la cuarta fecha del Torneo Apertura y no gano un solo partido.
En un año, tuvo tres finales accidentados en los clubes que trabajó.
Con Emelec de Ecuador, que estaba bien posicionado cuando él empezó, se tuvo que ir porque hasta corrió peligro su integridad física. Atlético Paranaense de Brasil fue otro equipo que puso rápidamente límite a su labor, ya que su forma de actuar provocó la ira de la "torcida" y se tuvo que marchar.
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