Toalla y botella de agua en mano, entré a la sala de video cycling. Dejé la mochila en el piso, no sin antes sacar el cuaderno y la lapicera. No quería perder ningún detalle. Pablo Giussi, el profesor de la clase de las 9.15, me explicó cómo subir a la bicicleta. Primero me preguntó cuánto medía. Por suerte, no hizo lo mismo con el peso. Al parecer ese dato es irrelevante para acomodar el asiento y el manubrio del vehículo en cuestión. Hasta la manera de colocar el pie tiene su ciencia. El metatarso -y no el arco-debe estar apoyado, de modo que el peso del cuerpo recaiga en el lugar correcto. El espacio para colocar la botella de agua o similar está previsto. La toalla puede colgar del manillar. No es lo más prolijo del mundo, pero de todos modos la coquetería iba a pasar a un segundo plano rápidamente. "Lo primero que tenés que saber es que son bicicletas de piñón fijo, o sea que aunque vos no pedalees los pedales giran igual. No podés bajar de golpe", me explicó Pablo. Por eso todas las bicis tienen un botón rojo, suerte de salida de emergencia, que sólo se usa en caso de extrema necesidad. "En realidad no lo usamos nunca, cuando quieras bajarte disminuí el ritmo del pedaleo". La primera sensación que recuerdo es que el asiento no me resultó nada cómodo. Ni bien empecé a pedalear y Pablo se trasladó a la tarima desde donde comanda la clase, su notebook, su música y sus videos, me empezó a hacer falta mi grabador. Las frases del profesor tenían que quedar registradas. Eran simples y breves, pero tenían el tono y el contenido justo para hacer que las piernas cumplieran la consigna. "Que no bailen las piernas, que no se transforme en un paseo, por favor", es una de las que no deja de replicar en mi cabeza.
Es que el cycling no es simplemente salir a andar en bici. Es una disciplina o un programa que se practica utilizando una bicicleta estacionaria, bajo las indicaciones de un entrenador y al ritmo de la música, elemento esencial para marcar los momentos de calma y los de intensidad. Su creador fue el profesor y ciclista norteamericano Jonathan Goldberg, quien en 1992 bautizó al deporte como spinning y en vistas del éxito lo transformó en una marca registrada que requiere seguir un protocolo de capacitación, certificación y autorización para ser utilizada. A Uruguay llegó hace unos 15 años, aunque algunos gimnasios prefirieron tomar la técnica y no la marca, llamando a sus clases ciclismo o cycling. El entusiasmo de la gente combinado con los buenos resultados a nivel físico hicieron que lejos de transformarse en una moda pasajera, las clases sigan tan llenas -o incluso más-, como el primer día. En Perfil, gimnasio que recibió a esta periodista de Domingo, ofrecen cycling en sus cuatro locales, con un total de 158 bicicletas. En el gimnasio central, dictan un promedio de diez clases al día. "Cuando aparecen modalidades nuevas intentamos rápidamente darnos cuenta de qué se trata, para ver qué tan viable es que eso pueda perdurar en el tiempo. Lo de las bicicletas demostraba desde un principio que era un trabajo muy eficiente y que iba a seguir", afirma Miguel Raimondo, uno de los directores de Perfil.
Para evitar amontonamientos, en la recepción hay un plano de la sala de cycling y cada uno que llega elige en qué bicicleta viajar. Están los que prefieren pegados al profesor, en un rincón, al fondo y arriba de la tarima, cerca del aire acondicionado, en primera fila… Hay para todos los gustos. Me tocó la 27, en la penúltima fila, que me permitía tener una visión completa de la sala, donde convivían hombres y mujeres de todas las edades y estados físicos. Yo, que volví a practicar gimnasia hace sólo un par de semanas, no desentonaba salvo en los momento de mayor intensidad, donde mis cuádriceps no respondían como me hubiera gustado. Es que el spinning es una disciplina inclusiva, pero sin dudas mejora con la práctica y el entrenamiento. Como toda actividad que propone un trabajo cardiorrespiratorio, resulta una buena opción si lo que se quiere es quemar calorías: en una clase de 50 minutos se eliminan entre 250 y 300 (ni 600 ni 700, como aseguran algunas web).
La clase comenzó con música movida e imágenes de la naturaleza en su estado más puro: bosques, montañas, glaciares. Pablo, con equipo deportivo y sonrisa afable, empezó a disparar las frases "motivantes", del tipo: "vamos a ajustar la resistencia", "seguimos rodando", "no te apures, concentrate en el ritmo". Aclara que se trata de la entrada en calor, que nadie se confunda y piense que eso es "trabajo duro". Todavía falta lo peor. Pero el cycling tiene algo democrático e inclusivo que no tienen otras disciplinas: cada uno regula su intensidad y cada uno hace lo que su cuerpo le permite en simbiosis con el birrodado. "Para cualquier otra clase se precisa un mínimo de coordinación. En las bicicletas eso no pasa, tenés tu bicicleta, tu espacio físico... Y sabés que no va a haber nada más extraño que pedalear", señala Raimondo.
El sudor se empieza a hacer sentir. Sólo pasaron 10 minutos de clase, pero las remeras ya están húmedas y las toallas en uso. Claro que en este caso transpirar es sinónimo de vencer. Aumenta la intensidad y también la velocidad. Hay que incrementar la carga sin perder ritmo. Así es que Pablo acelera el ritmo cardiovascular de su audiencia, mientras los rostros dan muestras de los primeros signos de cansancio. Y no vale detenerse. "Por primera vez con una sensación incómoda. Exigido pero no al máximo", lanza desde su tarima.
La música es la que marca el ritmo. Pablo es casi un DJ que pincha lo que sus seguidores precisan para quemar el postre que comieron la noche anterior. Desde The Doors hasta Prince, pasando por el deep house. Así lo hace desde que empezó como instructor de cycling, hace ocho años. Primero llevaba la música en CD, luego en DVD… ahora directamente carga con su notebook, lo que le permite intercambiar "tramos" de las clases que ya tiene preparadas. En su caso, influyó que siempre le gustó el tema de audio y al título de profesor de educación física sumó estudios de sonido y edición. En cuanto a los videos, prefiere recurrir a las imágenes de deportes extremos como mountain bike o algún tramo del Tour de France. No es de los que transporta su clase a un sendero plagado de curvas y repechos. "No les saco la cabeza de acá, prefiero que presten atención a dónde apoyan los pies o cómo aprietan la cola".
Son las diez en punto. Ahora está permitido desacelerar. Algunos lo hacen en pocos segundos y corren (sí, todavía les da la fuerza para correr) a hacer un poco de "cinta" en la sala de aparatos. Otros, siguen pedaleando (sí, todavía tienen fuerzas para seguir). El resto, bajamos con las rodillas temblorosas y estiramos en tren inferior. Cuádriceps. Pantorrillas. Columna. Y Pablo se hace acreedor de un merecido aplauso. La mayoría sale con las endorfinas en ebullición. Al profesor le quedan cuatro clases más de cycling por delante. Y yo ya sé que mañana me va a costar caminar.
SEPTIEMBRE, EL MES DE LAS "GAVIOTAS"
En el ambiente de los gimnasios, septiembre es sinónimo de alboroto. Hay más consultas y también más inscripciones. La cercanía del verano, zafra de playa y ropa más ligera se vuelve inevitable. Las clases se llenan más que en los meses de invierno y, por lo general, el abanico de propuestas se amplía. "El uso de vestimentas más ligeras pone en evidencia algo del cuerpo que gustaría modificar y la decisión de comenzar con el gimnasio que se venía posponiendo en los meses de invierno se efectiviza a partir de agosto", reconoce Marcello Oggiani, coordinador de You Fitness Center. Como novedad, el gimnasio incorporó a su propuesta una clase de Zumba: bailes y ritmos latinos, fusionando los "conceptos de diversión y ponerse en forma".
Este año, Aerobics sumó dos propuestas del sistema Body, una plataforma de ejercicios internacional que incluye diferentes modalidades de clases, como Body Pump o Body Jump. Ellas son: Zumba Fitness y Kangoo Jump. Según Andrea Berón, supervisora de ventas del local Centro, la primera es "una especie fiesta" con coreografías de baja intensidad que "todos pueden seguir". La segunda, quizás aún más novedosa, se hace sobre una suerte de botas similares a los patines rollers pero con resortes, que permiten lograr un trabajo aeróbico. "Somos los únicos en Uruguay que tenemos esta actividad", asegura Berón. "Septiembre es el mes a partir del cual consulta más gente. Son lo que llamamos las gaviotas; vienen cuatro meses, entre septiembre y diciembre, y vuelven el año que viene en la misma época", explica Berón.
En Via Acqua Spa, la grilla de actividades comenzó a crecer a partir de julio. "Mucha gente llega por un tema estético, pero también por consejo del médico, y de paso ya siguen todo el año", dice Federico Lambert, encargado de marketing. Una de las clases que ha tenido más éxito está a cargo del bailarín y coreógrafo Martín Inthamoussú. "La gente llega una hora antes para practicar la coreografía", comenta Lambert. En Perfil la agenda no necesariamente se modifica con la llegada de la primavera. "Nuestra propuesta está basada en la educación física. Tenemos trampolines, barras, bandas elásticas... todos los medios necesarios para lograr nuestros objetivos, como los hubo siempre. No inventamos nombres ni cosas mágicas", dice su director, Miguel Raimondo.
ALGO MÁS QUE LA PÉRDIDA DE CALORÍAS
Los que se acercan hasta la sala de ciclismo, por lo general buscan la motivación del trabajo en equipo y una actividad aeróbica que permite una importante pérdida calórica. Además, el cycling funciona como una especie de entrenamiento: cuanto más se practica, mejores son los resultados. "Seguís un ritmo grupal pero te permite ir regulando la carga y la intensidad según tus posibilidades e ir aumentando tu nivel de exigencia", dice Andrea Berón, de Aerobics, para explicar el éxito de esta modalidad. De todas maneras, al trabajo cardiorrespiratorio que propone el ciclismo hay que complementarlo, coinciden los instructores, más allá de las instituciones. "La idea es que se sume a un trabajo de resistencia muscular localizada", explica Miguel Raimondo, de Perfil. "Buscamos que el alumno pueda tener una variante de propuestas y entre todas llegue a un trabajo general", agrega.
DANIELA BLUTH - Suplemento Domingo - Diario El País de Uruguay