El texto de la semana:



Regresaba a Pan de Azúcar y desde la ventanilla derecha del auto, un brillo intenso, redondo y blanco me llamaba…
“Luna Azul”, segundo plenilunio de agosto.
“Guíñame un ojo” susurraba la lámpara, mientras se distanciaba del horizonte.
Sin insignia de Apolo, sin la nube de vapor del de SaturnoV, sin el silencioso alunizaje del Águila… en “un salto enorme para la humanidad”, Neil cruza convertido en mito, a la orilla inmortal de la existencia.
“Un pequeño paso para un hombre...” La muerte es tan natural como el nacimiento, y la vida es breve. Quiso Dios que la sencilla ceremonia de despedida en Cincinatti coincidiera con una enorme Luna Llena, la segunda del mismo mes, la “Luna Azul”.
Y al ver tras el vidrio la moneda de luz, volvieron a mí las imágenes de mis diez años, con el Comandante del Apolo 11 apoyado sobre la polvorienta superficie.
No es el mismo brillo que muestra en plenitud el faro blanco de las noches… hoy tiene algo más, una sonrisa, una nerviosa espera, un huésped que llegará para quedarse, una leyenda de hazañas espaciales, una valiente aventura ya lejana. Ufana se exhibe a millones de miradas, mientras incorpora a su esencia un nombre para siempre asociado. Me inclino para verla ya más alta, me lo pide, y la complazco con una cómplice guiñada.
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