"El partido fue complicado, pero lo peor de todo fue el viaje, tanto de ida como de vuelta". Pablo Álvarez refleja todavía en su cara el sueño acumulado. "Prácticamente no descansamos nada, porque a toda la tensión de lo que fue el viaje en ómnibus a Guayaquil y los vuelos, se suma que llegamos en la madrugada y ya estamos prontos para entrenar", dijo cuando el reloj marcaba que habían pasado pocos minutos de las 11.
Nadie de la delegación tricolor olvidará este viaje a Ecuador. "Ya tengo decidido llegar a casa y decirle a mi señora que de segunda luna de miel nos vamos a Loja", bromeó Tabaré Alonso (entrenador de arqueros y ayudante de campo de Gustavo Díaz) cuando se marchaba de la concentración con los regalos que había traído para su familia en la mano.
Nada tiene que ver en estas apreciaciones la ciudad, de la que todos hablaron bien por la forma en que los trataron, sino por lo que significó la odisea tanto para ir como para volver. "Empezamos a preparar el viaje a las 7.30 de la mañana de ayer (jueves) en Loja y llegamos a Los Céspedes hoy (ayer) a las 5.50. Yo todavía estoy sin dormir", contó Enrique Méndez ("Quique"), encargado de la seguridad del plantel. Fueron, por lo tanto, más de 22 horas lo que duró el periplo. "Y lo peor de todo fue el viaje a Guayaquil en ómnibus", aportó en sintonía con lo que había dicho Álvarez.
SUBIR PARA BAJAR. Desde Cuenca, la delegación había llegado a Loja en siete camionetas, en un traslado que le insumió unas cuatro horas. Ante la dificultad de los vuelos de retorno a Guayaquil (donde el grupo se había quedado la primera noche) se decidió dormir en Loja luego del partido y viajar en bus hacia donde tomarían el avión rumbo a Lima. Esas más de ocho horas que insumió el tramo fueron un sufrimiento constante. "Estoy deseando llegar a casa para acostarme a dormir la siesta", fue lo primero que se le ocurrió decir al profesor Julio Gioscia al ser consultado sobre el viaje. "Salimos de Loja (a 2.000 metros) y tuvimos que subir una montaña hasta los 4.000 metros para luego bajar a Guayaquil (al nivel del mar). Y no te miento si te digo que no había 100 metros de recta. Era todo curvas. Llega un momento que el organismo lo empieza a sentir, porque fueron como cinco o seis horas de curvas y precipicios", añadió. No obstante, ningún jugador sufrió náuseas, mareos o algún otro inconveniente.
Juan Pablo Sesto, encargado de comunicaciones y prensa, dijo que fue importante haber hecho una parada a mitad de camino para almorzar. "Nos detuvimos más o menos una hora, así que fueron como dos viajes de cuatro horas".
A ENTRENAR. Con más ganas de dormir que de entrenar, los futbolistas igualmente salieron al gimnasio primero y luego a hacer un regenerativo en la cancha número 1 de Los Céspedes. Los que fueron titulares trotaron alrededor del campo durante una media hora, hicieron un buen estiramiento y se retiraron. Los suplentes y los que jugaron menos de 45 minutos hicieron un rato de fútbol en tres cuartos de cancha.
Así Nacional cerró su semana, ya que hoy y mañana tendrá decanso en virtud de que no jugará hasta el domingo próximo.
Con un triunfo de visitante, en la altura y luego de un viaje extenuante tanto en lo físico como en lo mental, los tricolores bien ganado tienen estas 48 horas de descanso antes de empezar a preparar el partido con Cerro Largo.
DANIEL ROSA - Ovación