Quizá llegue un día en que las únicas cartas que se escriban a mano sean las que les envían los niños a Papá Noel y a los Reyes Magos, e incluso es posible que dentro de poco el dadivoso barbudo y sus exóticos amigos reciban los pedidos por email. Teniendo en cuenta las estimaciones que maneja el Correo uruguayo, esta realidad no parece tan lejana. Como si se borrara una palabra manuscrita por cada día que pasa, las cartas testimoniales se reducen entre el 2% y el 5% anual.
“En un período de 15 o 20 años es posible que no quede ninguna (carta personal)”, manifiesta José Luis Suárez, presidente del Correo uruguayo. Según establece, mientras que a fines de la década de 1970 hubo una profusión de cartas manuscritas, producto de la migración política que experimentó el país, hoy en día las cartas personales representan menos del 10% del total de envíos que maneja el organismo.
Aunque rastrear a los escritores de cartas no es tan fácil como a los usuarios de e-mails, según el presidente del Correo, los seguidores en Uruguay de esta anacrónica modalidad suelen ser personas del interior que tienen familiares en el exterior, y residentes en el extranjero que escriben a sus parientes en el país. El promedio de edad de los autores es de más de 50 años y los países de envío más usuales son España, Estados Unidos, Italia, Australia, Israel y Suecia.
Precisamente a Suecia es a donde Claudia De Las Heras –empleada de un Abitab en Sayago, de 34 años, y madre de un joven de 17 que se pasa horas chateando– envía cartas desde hace ocho años.
Claudia pertenece a una generación a la que la llegada de internet la encontró rozando la veintena y con el fresco recuerdo de una infancia donde la escritura manual era tan corriente como la palabra rebobinar. Pero fue cuando su prima Laura –con quien se crió y con la que solo se lleva un mes de diferencia– se fue a vivir a Suecia que las cartas empezaron a jugar un papel fundamental en su vida: se convirtieron en un código común para sentirse cerca.
“En el teclado mi lenguaje es diferente, es más sintético, la carta me transporta a otro lugar, casi puedo sentir lo que ella quiere expresarme”, destaca. Para Claudia, la escritura de cartas se conecta directamente con su pasión por la lectura y con la calidez que le brinda la cercanía. “Me parece que la sociedad avanza en muchísimas cosas, pero en lo que tiene que ver con lo interpersonal es tristísima”, agrega.
Si bien chatea o envía emails cada tanto, las cartas son el canal elegido para las noticias importantes. La última y más preciada es que su prima Laura regresa a vivir a Uruguay.
Correo sin cartas
Aunque a simple vista pueda parecer que en la era de las comunicaciones inalámbricas el correo tiene los días contados, lo cierto es que el organismo estatal dejó hace tiempo el romanticismo y viene creciendo a ritmo sostenido.
Según establece Suárez, de 14 millones de envíos que se realizaban en 2005, en la actualidad se procesan 40 millones. La razón de este incremento está lejos del bolígrafo y el papel; la posta ha sido relevada por los bancos, compañías de servicios, administradoras de salud, comercios y demás entidades que emiten facturas. El crecimiento económico, además, es uno de los factores que incentivan la bonanza del Correo.
“El correo electrónico sustituyó la carta escrita a mano, pero fue generador de negocios electrónicos. Lo que era una amenaza se convirtió en una oportunidad”, indica Suárez, quien añade que las encomiendas crecen a una tasa del 20% anual.
El Correo, además, se constituyó como autoridad de certificación de la firma digital.
La revancha de las cartas parece solo venir del lado de los carteros. “Hoy ya no somos tan bienvenidos porque llevamos cuentas”, indica Suárez, quien trabajó como cartero en Maldonado durante 14 años.
Sentirse cerca
Es probable que Claudia también abandone la escritura de cartas cuando regrese su prima de Suecia, pero de momento representan para ella todo un ritual. Les gusta recibirlas por sorpresa, escribirlas sobre su regazo, leerlas y corregirlas, no dejar afuera ningún detalle, volverlas a escribir. Las que recibe las guarda en una cajita “muy coqueta”, a la que acude con asiduidad, como una forma de volver al pasado. “La gente se ríe, pero yo me siento más cerca”, afirma.
Para Guillermo Cantore, las cartas también son una forma de conectarse con el pasado y de acortar la lejanía, aunque no lo exprese en palabras sino enviando postales y tarjetas de teléfono.
Jubilado, de 66 años y vecino de la calle Murcia en Parque Batlle, no tiene computadora para no ser “víctima de la sociedad de consumo”, pero asiduamente le envía un sobre a su hermano que vive –casualmente o no– en Murcia, España. “No escribo mucho porque me parece molestar demasiado”, indica.
Desde la muerte de su padre en 1998, Guillermo vive solo junto a sus seis canarios y rodeado de objetos teñidos de pasado: un tocadiscos, una televisión Telefunken de la década de 1970, un viejo mantel floreado de plástico y decenas de miniaturas y platitos decorativos de sus viajes por Europa. Pero son las cartas las que lo hacen salir todos los días a comprar tarjetas de teléfono y postales de faros y puentes para su hermano coleccionista.
Aunque ahora las pasiones se desgranen en mensajes de e-mail, la espontaneidad se almacene en Twitter y las revoluciones se expandan por Facebook, aún quedan personas que recuerdan que fue con papel y tinta que se anunció el descubrimiento de un nuevo continente, se desafió a una Junta Militar, un terrestre le escribió al futuro y la pasión rebasó todos los extremos del mundo. Como diría Lord Byron: Larga vida al “único dispositivo que combina soledad y buena compañía”.
“En un período de 15 o 20 años es posible que no quede ninguna (carta personal)”, manifiesta José Luis Suárez, presidente del Correo uruguayo. Según establece, mientras que a fines de la década de 1970 hubo una profusión de cartas manuscritas, producto de la migración política que experimentó el país, hoy en día las cartas personales representan menos del 10% del total de envíos que maneja el organismo.
Aunque rastrear a los escritores de cartas no es tan fácil como a los usuarios de e-mails, según el presidente del Correo, los seguidores en Uruguay de esta anacrónica modalidad suelen ser personas del interior que tienen familiares en el exterior, y residentes en el extranjero que escriben a sus parientes en el país. El promedio de edad de los autores es de más de 50 años y los países de envío más usuales son España, Estados Unidos, Italia, Australia, Israel y Suecia.
Precisamente a Suecia es a donde Claudia De Las Heras –empleada de un Abitab en Sayago, de 34 años, y madre de un joven de 17 que se pasa horas chateando– envía cartas desde hace ocho años.
Claudia pertenece a una generación a la que la llegada de internet la encontró rozando la veintena y con el fresco recuerdo de una infancia donde la escritura manual era tan corriente como la palabra rebobinar. Pero fue cuando su prima Laura –con quien se crió y con la que solo se lleva un mes de diferencia– se fue a vivir a Suecia que las cartas empezaron a jugar un papel fundamental en su vida: se convirtieron en un código común para sentirse cerca.
“En el teclado mi lenguaje es diferente, es más sintético, la carta me transporta a otro lugar, casi puedo sentir lo que ella quiere expresarme”, destaca. Para Claudia, la escritura de cartas se conecta directamente con su pasión por la lectura y con la calidez que le brinda la cercanía. “Me parece que la sociedad avanza en muchísimas cosas, pero en lo que tiene que ver con lo interpersonal es tristísima”, agrega.
Si bien chatea o envía emails cada tanto, las cartas son el canal elegido para las noticias importantes. La última y más preciada es que su prima Laura regresa a vivir a Uruguay.
Correo sin cartas
Aunque a simple vista pueda parecer que en la era de las comunicaciones inalámbricas el correo tiene los días contados, lo cierto es que el organismo estatal dejó hace tiempo el romanticismo y viene creciendo a ritmo sostenido.
Según establece Suárez, de 14 millones de envíos que se realizaban en 2005, en la actualidad se procesan 40 millones. La razón de este incremento está lejos del bolígrafo y el papel; la posta ha sido relevada por los bancos, compañías de servicios, administradoras de salud, comercios y demás entidades que emiten facturas. El crecimiento económico, además, es uno de los factores que incentivan la bonanza del Correo.
“El correo electrónico sustituyó la carta escrita a mano, pero fue generador de negocios electrónicos. Lo que era una amenaza se convirtió en una oportunidad”, indica Suárez, quien añade que las encomiendas crecen a una tasa del 20% anual.
El Correo, además, se constituyó como autoridad de certificación de la firma digital.
La revancha de las cartas parece solo venir del lado de los carteros. “Hoy ya no somos tan bienvenidos porque llevamos cuentas”, indica Suárez, quien trabajó como cartero en Maldonado durante 14 años.
Sentirse cerca
Es probable que Claudia también abandone la escritura de cartas cuando regrese su prima de Suecia, pero de momento representan para ella todo un ritual. Les gusta recibirlas por sorpresa, escribirlas sobre su regazo, leerlas y corregirlas, no dejar afuera ningún detalle, volverlas a escribir. Las que recibe las guarda en una cajita “muy coqueta”, a la que acude con asiduidad, como una forma de volver al pasado. “La gente se ríe, pero yo me siento más cerca”, afirma.
Para Guillermo Cantore, las cartas también son una forma de conectarse con el pasado y de acortar la lejanía, aunque no lo exprese en palabras sino enviando postales y tarjetas de teléfono.
Jubilado, de 66 años y vecino de la calle Murcia en Parque Batlle, no tiene computadora para no ser “víctima de la sociedad de consumo”, pero asiduamente le envía un sobre a su hermano que vive –casualmente o no– en Murcia, España. “No escribo mucho porque me parece molestar demasiado”, indica.
Desde la muerte de su padre en 1998, Guillermo vive solo junto a sus seis canarios y rodeado de objetos teñidos de pasado: un tocadiscos, una televisión Telefunken de la década de 1970, un viejo mantel floreado de plástico y decenas de miniaturas y platitos decorativos de sus viajes por Europa. Pero son las cartas las que lo hacen salir todos los días a comprar tarjetas de teléfono y postales de faros y puentes para su hermano coleccionista.
Aunque ahora las pasiones se desgranen en mensajes de e-mail, la espontaneidad se almacene en Twitter y las revoluciones se expandan por Facebook, aún quedan personas que recuerdan que fue con papel y tinta que se anunció el descubrimiento de un nuevo continente, se desafió a una Junta Militar, un terrestre le escribió al futuro y la pasión rebasó todos los extremos del mundo. Como diría Lord Byron: Larga vida al “único dispositivo que combina soledad y buena compañía”.